La empresa como espacio de aprendizaje

Supongamos que describimos una empresa tipo, digamos que una fábrica, lo que observamos son espacios, personas, recursos, máquinas articuladas en el tiempo para la consecución de un objetivo común, la producción.
Si entramos en una entidad educativa, digamos que en una escuela, lo que vemos son espacios, personas, recursos, instrumentos articulados en el tiempo para la consecución de un objetivo común, el aprendizaje.

Esta similitud en como concebimos empresa y escuela tiene su origen en la necesidad de socialización y capacitación sistemática, planificada y predeterminada de las sociedades y de las empresas, y para unas y otras optamos en su día por la organización disponible en aquellos momentos, la militar. Se organiza la producción industrial y detrás la producción escolar, así afirmamos que la escuela, hasta entonces artesana, se industrializa.

A lo largo del siglo XX, aunque se mantiene una parte artesana y gremial en la ruta del oficio: aprendiz, oficial y maestro de taller; aparece la gestión empresarial, que entre otras cosas pretende la formación de sus emplead@s para mejorar su productividad. Para incorporar esta función de formación en las empresas se utiliza el modelo disponible en el momento, es decir, la escuela. Debemos concluir entonces que la empresa se escolariza.

En los albores del siglo XXI, escuela y empresa se encuentran inmersas en una transformación evolutiva, de adaptación al nuevo medio, de supervivencia como fundamento social. Si bien la escuela debe encontrar sus nuevos activos de aprendizaje según nos propone Fernando Trujillo “Activos de aprendizaje. Editorial SM”, más allá de sus recursos básicos de aula, horario, contenido; nos inspira y anima a incorporar una nueva mirada en la empresa hacia sí misma, en la que el talento, la capacidad de aprendizaje y el aprendizaje mismo pasen a ser el valor estratégico, y la producción, el contexto en el que se facilita. 

Cuando preguntamos a l@s emplead@s en las empresas nos lo dicen con claridad, (http://modernworkplacelearning.com/), nos gusta aprender, pero no que nos formen.
Encontramos que el aprendizaje se activa, sucede por diferentes vías informales asociadas al flujo de trabajo.

Survey WorkPlace Learning 2019, Preferencias de aprendizaje del empleado

Si hablamos con responsables en el departamento de RRHH nos volvemos a encontrar a la escuela incrustada en la empresa: planes de formación, lista de alumn@s, horario de clases, contenidos, prácticas, evaluación, etc.

Cambiar la mirada en la empresa, en la fábrica, mirar con “gafas / moldes / modelos” de aprendizaje, al estilo de lo propuesto por Amalio Rey en su Blog (http://www.emotools.com) nos va a redescubrir y revelar los espacios, recursos, personas, proyectos, situaciones y tiempos como activos de aprendizaje en el flujo de trabajo. No tiene sentido que desde las escuelas y universidades se intente incorporar retos y realidades de la empresa en sus propuestas, y en cambio desde la empresa no se utilice su propia realidad como su activo de aprendizaje, para sin embargo volver a las aulas.

 

Javier Poves Paredes 

SeniorLearner en Chief Learning Officer

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